sábado, 15 de septiembre de 2012

TENIAMOS UNA CITA

TENIAMOS UNA CITA

Cada fin de año, lo mismo, hago recuento de los pasado, de lo sufrido y gozado el durante los doce meses anteriores, y espero -con la tacita de uvas en la mano- la doce campanadas del mítico reloj de la Puerta del Sol. Doce campanadas, doce uvas, doce deseos. Y así año tras año, pero es inútil. Mis doce deseos, desde hace mucho tiempo, se concentran en uno sólo: estar contigo. Y es que tú y yo teníamos una cita, pero no acudimos. Dejamos pasar la única oportunidad de estar unidos, quien sabe cuanto, quizás toda la vida. Fuimos afortunados de encontrarnos, un buen día, entre la maraña de personas que  paseaba por el mundo. Nos cruzamos, nos miramos y en ese mismo instante, comprendimos que la felicidad no era una entelequia sino una realidad. Ahora, sé que ya siempre será así, que cada treinta y uno de Diciembre, cogeré las uvas con mis manos cada vez más temblorosas y arrugadas, recordándote, hasta que algún año quede mi sitio vacío. Quién sabe si en el más allá te seguiré esperando, por que tú y yo, no lo olvides, teníamos una cita.

PUEDO SER YO

Atravesó el hall de su casa envuelta, todavía, en ese perfume tan peculiar que dejan en las peluquerías a productos para el pelo. Se dirigió hacia su cuarto, con paso acelerado pues aún tenia la camiseta  mojada de lava-cabezas, lo que le produjo un cierto escalofrío. Una vez allí, se fue directamente al baño, a mirarse en ese espejo cómplice que le devolvía la imagen que más o menos ella reconocía y aceptaba. Desde luego, no todos son iguales. Hay espejos de muchos tipos. Los hay en los que te puedes mirar de frente, sin miedo; otros, sin embargo, tienes que hacerlo de reojo y  a media luz, por que te distorsionan demasiado. Se acarició suavemente, la melena, larga, lisa y a la que la luz reflejaba un tono rojizo y brillante. Se fijó en sus manos de “mujer virginal” que siempre le dejaba la manicura francesa: piel blanca, dedos largos y finos, uñas pintadas en blanco roto. Observó su cara con aquel corte de pelo”cómo me parezco, ahora, a mí madre” Hay que ver lo mucho que mandan lo genes, pero no tanto, que lleguen a ser una dictadura absoluta, sin dejar resquicio para que la vida te cincele de algún modo. Evidentemente, ella, también te moldea golpe a golpe sin rastro de sentimiento, pensó. O, quizás, sí por que el amor y la tristeza, también lo habían hecho.

Abrió el armario y husmeó entre las perchas,  eligió una camisa de raso negro con dibujos en verde pistacho y fucsia, una de sus favoritas. Abrió también un gran cajón con ropa interior. Buscó con mirada inquieta las prendas adecuadas para  la blusa. Del pantalonero, extrajo un pantalón de algodón chino, también en negro. Se vistió despacio, primero se calzó el pantalón y volvió al espejo, ésta vez uno mayor que ocupaba toda  la pared de fondo de la habitación. De frente, de perfil y de espaldas. Genial, le hacia el trasero alto y respingón que siempre quiso; luego, la camisa de raso frío pero suave como una pluma. Se abrochó los botones, despacio, uno a uno: eran demasiado pequeños como para alguno se le despistase y dejara  algún hueco al descubierto.

Volviendo al cuarto de baño para maquillarse, se limpió, primero la piel del rostro con algodoncito empapado el tónico facial. Cogió el cepillo de dientes y se  los lavó durante un buen rato  (una de sus manías) Después, con el frasco de maquillaje en la mano,presionó el difusor del que salió una gota del tamaño de una lenteja. Se lo extendió. Ojeras, nariz, mejillas…en un cajón atiborrado de cosméticos, rebuscó un perfilador de labios de color rosa-palo, se aplicó  la barra del mismo tono pero que dejaba unos destellos plateados. Ya casi había terminado. Un leve toque azul para los ojos y dos golpes de brocha en los pómulos. Voilá, perfecta ¡! Le faltaba ponerse los zapatos, pero eso no tenía que pensárselo ni un instante, seria sus francesitas de charol. Charol, siempre charol. Ya se iba cuando tuvo el presentimiento de que se olvidaba de algo importante. Ah, sí, la colonia ¡! Nunca salía sin su olor favorito “ Eau d’énergie” 

MUÑECAS DE PORCELANA

MUÑECAS DE PORCELANA

Parece ser que éste el título de una página Web ( cerrada ya) en la que las anoréxicas de todas las edades daban rienda suelta a locura que significa ésta enfermedad.  Cuando leí la noticia, no pude por menos de sentir un escalofrío, al comprobar como,  establecían una especie de campeonatos, con premios incluidos, para ver quien comía menos al cabo del día. Contenía también la página fotos esperpénticas de jóvenes cadavéricas como modelos a seguir por las participantes de dicha página...

Y es fácil de comprender que compitieran. Las anoréxicas  tienen una personalidad perfeccionista y competitiva. Son chicas y chicos inteligentes, limpios, ordenados, buenos estudiantes, hijos e hijas modelo, que en su afán de controlarlo todos, sujetan de manera demencial,  hasta el instinto más básico de la supervivencia: el hambre. Tienen un ideal espartano que les lleva a contar las horas de sueño y a vencerlo si hace falta. Practican ejercicio físico desmesurado para quemar las calorías que no consumen. Pero ¿Cómo empezó todo? ¿Qué desencadena en personas que supuestamente, tienen una vida acomodada, lleguen a éstos extremos?  La pregunta, `para mí, tiene dos tipos de respuesta: por un  lado, ésta sociedad en la que imagen es primordial y presiona, especialmente a las mujeres, para seguir unos cánones de belleza irreal (fea pero delgada) Un desengaño amoroso, un comentario  malintencionado, un conflicto familiar, no asimilado, ni resuelto desemboca en ésta flagelación del propio cuerpo. Por otro, existe un toque místico y espiritual en ésta búsqueda de la verticalidad. Como en los cuadros de El Greco la espiritualidad se refleja en cuerpos alargados, casi etéreos, en cara afiladas… Todo comenzó con una dieta y poco a poco llegó a ser una obsesión que devora el cuerpo y la mente por que el espejo les devuelve una imagen distorsionada, gorda. Ese es uno de los grandes dramas de estas frágiles muñecas de porcelana, hasta que se rompen.  

LLEGAR A VIEJOS

Según dicen las estadísticas, la ESPERANZA DE VIDA, en Europa, ronda los 80 años (haciendo una aproximación a la media entre hombres y mujeres) Y yo me pregunto: a qué se llama esperanza de vida, en realidad ¿? Si se trata de cumplir años, de arrancar las hojas del calendario sin más, de acuerdo...
El número de ancianos aumenta cada día. No hay más que pasearse por las calles y parques de cualquier ciudad, para darse cuenta de éste envejecimiento de la población. Los avances médicos han hecho que ahora, no nos muramos, de una neumonía, por ejemplo. La medicina trata de salvar al paciente, a toda costa. Esto es normal. Pero a qué precio ¿? Es lo mismo esperanza de vida, que calidad de vida ¿ Evidentemente, NO. Acaso, nuestros mayores, llegan hoy, a ser octogenareos, disfrutando de  su existencia ¿? Muy pocos.  Son numerosísimos los que padecen enfermedades crónicas, que les impiden desde caminar, hasta lo que es peor, pensar. Las enfermedades degenerativas   (tanto físicas, pero sobre todo, mentales) aumentan de manera alarmante. En muy duro morirse jóven, pero es más triste, no recocer a tus seres queridos, no saber quien eres, ni LO que eres. La Demencia Senil y el  Alzheimer, constituyen una autentica plaga del siglo XXI.
De otro lado, están los personajes públicos. Aquellos famosos actores, cantantes, políticos que un día admiramos y que el paso del tiempo y la libertad informatíva,  baja del pedestal, dejando al descubierto vicios y miserias que no imaginabamos. También, sus propias acciones: bodas, divorcios, declaraciones, destapan sus miserias, destruyendo al mito, tirando por el suelo, a golpe de cheque bancario, al personaje admirado y respetado. Por eso identifico envejecimiento con decadencia. No sé lo que será de mí. Si llegaré a anciana o no, pero mantengo la idea de que hay que morir a tiempo y dejar buen recuerdo.

EL FRÍO DE LOS DÍAS

Ahora que llega el frío de éste incipiente otoño, el paisaje de las
ciudades se me hace aún más gélido. Contemplar, como los edificios,
nuevos o rehabilitados se construyen, cada vez más, con acero,
cristal, mármol… Y es que, los humanos nos empeñamos en que todo lo
que nos rodea parezca más limpio, más liso, más perfecto. Nosotros
mismos buscamos, sin cesar, en nuestro físico esa perfección. Cada
día, se hace más importante, mostrar un cabello hidratado y
brillante, un rostro terso, una boca sensual de sonrisa blanqueada,
artificialmente. Poseer unos pechos turgentes, un vientre plano, un
culo alto y prieto. Tener las piernas largas y torneadas, sin atisbo
de celulitis… en una palabra, dar esa imagen ideal que nos hará
sentirnos más seguros frente al mundo, frente a todo. Quizás, nos
hemos olvidado que las personas somos un crisol de cualidades, un
laberinto de emociones, capaces de amar, de crear lo intangible…tal
vez, los hombres y las mujeres, a fuerza de vernos tan adulterados,
tan ficticios y fabricados, nos hayamos perdido el respeto hasta el
punto de despreciar la propia vida . Decía Franco Battiato, en una
reciente entrevista televisíva, algo así como que el ser humano había
perdido el norte, y que eso explicaría, tantos homicidios,
fratricídios, infanticidios… y que en éste momento de su existencia,
sólo le relajaba contemplar su jardín lleno de flores. Le comprendo.

SIN MAQUILLAJE

Terminadas las vacaciones es momento del recuento. Si, del recuento de las emociones vividas, en éste período de asueto en el que yo personalmente, me propuse dejar atrás la ciudad, los horarios y hasta el reloj, para encarar la vida “sin maquillaje”

Al marchar borré la falsa sonrisa rosada de mi barra de labios, quité la falsa expresión del lápiz de ojos, liberé mi melena del castigo diario del secador de pelo; me calzé un pantalón pirata tres tallas mayor, para  sentir que la brisa marina corría libremente entre mis piernas… y así con la cara lavada, tuve tiempo para charlar con amigos y con desconocidos. Y, así, con el rostro limpio, me senté al borde algún acantilado, intentando comprender el lenguaje del mar. En ocasiones, me empapó el agua de una lluvia obstinada, sentí el vértigo de estar más cerca de las nubes que del suelo. Y ahora, en el regreso a casa me parece que hace mucho tiempo que me he ido. No recuerdo los tópicos que sostenían la tesis de mi vida cotidiana. No han sido, éstas vacaciones, un punto y seguido, más bien un punto y aparte de mí vida.

A JUANFRAN Y NACHO

A Juanfran y Nacho


Siempre estuviste ahí y yo sólo te intuía. Desde pequeña, buscaba tus ojos azules y negros,  marrones y pardos;  verdes y  rasgados; grandes y redondos con los que me mirabas, casi sin pestañear. Hasta que un día te sostuve en mis brazos. Sentía miedo, eras tan frágil… pero tú me sonreíste y nuestro amor fue para siempre, por que tú eres mi hijo, vosotros sois mis hijos.

EL MUNDO DEL SILENCIO

EL MUNDO DEL SILENCIO

Estas vacaciones me he ido a la costa. Hace años que soy aficionada al buceo y cuando me sumerjo en la profundidad de las aguas del mar, a medida que profundizo, siento una paz indescriptible. El mar que es, para mí, otro mundo dentro de éste mundo, me produce una atracción fatal, parecida a la acrofobia. Es de esas sensaciones, que dan un de pánico inmenso, pero que te llam...
an, irremediablemente, hacia el abismo.
En éste mundo de silencio, mientras contemplo el movimiento-como en cámara lenta- de de las plantas marinas, me rodea algún pez que me observa con ojos más atónitos, aún, que los míos, parece que estoy dentro de un sueño. El tiempo y el espacio pierden su sentido; mi mente desconecta de la vida real. Olvido mi biografía.

Ahora, ya en Septiembre, he vuelto a casa, como siempre, pero, éste año con algo diferente. Un familiar, está enfermo, tiene una encefalopatía que le ha dejado en la cama de un hospital, en estado casi vegetativo. No habla, sólo sigue con los ojos algún movimiento dentro la habitación. A veces, los abre hasta el extremo y me mira fijamente, entre asustado y expresivo. He pasado varias horas junto a él y me ha venido a la cabeza, que éste también es otro mundo del silencio. Silencio entre sábanas blancas de hospital. Quizás él, también, esté buceando en su mundo, su mundo del silencio del silencio. Ojalá, sienta tanta paz como yo, dentro del mar.

PARA ESCRIBIR

Tendrás que nadar en la nostalgia y dormir en los cementerios. Saborear aquello que nunca probaste. Morir y resucitar…Le pondrás fronteras a la ternura y eternidad a los límites. Tocarás las lágrimas de las frustraciones. Soñarás con el amor que no sientes y te quejarás de un dolor inexistente. Serás tú y muchos otros…

Para escribir, sólo necesitarás una cosa: Corazón. Tener el corazón lleno ...
y el espíritu repleto de magia. Quizás, una musa, esa fuente de inspiración, tantas veces negada pero que es real, existe. Alguien o algo que te haga sentir cada día, que el aire es de terciopelo y te acaricia suavemente; que una simple botella de agua es una lámpara maravillosa; que cada respiración es un suspiro. Tendrás, como Alicia, que traspasar el espejo, para introducirte en otro mundo cuyos símbolos sólo tú sabes descifrar; qué quizás los soñaste un día hace mucho tiempo, cuando eras niña y no conocías el significado de las cosas, pero te gustaban: la voz de tu madre al levantarte por las mañanas, el ruido constante de las olas, la curiosidad por los libros que aún no sabias leer… Para escribir, tendrás que ser tú a corazón abierto

EL OTOÑO

EL OTOÑO

Sin mirar el calendario, sé que ha llegado. Esta mañana, entraba una luz solar demasiado tenue, por las ventanas del salón. Parecía, que el sol se estaba despidiendo- algo triste y melancólico- del júbilo del verano. Por que sí, el otoño es una estación melancólica. Me suena a nana suave y antigua. Tiene un sabor a miel y castañas, me huele a chocolate con picatostes, a lápiz, gomas y ...
cuaderno, recién estrenados.

Los pocos árboles que nos quedan en las ciudades, reparten por las aceras, sus hojas. De una en una. Las más viejas, primero: amarillas, ocres, naranjas… y pronto, se las roba el viento, para llevárselas hasta cualquier esquina, quien sabe donde, para ser enterradas en algún contenedor…

El otoño tiene tacto de terciopelo chiffón, que acaricia y huele a pasado conocido.

Un mar oscuro se agita y se queja, por falta de compañía de los barcos de recreo.

Es el momento, de los proyectos para un curso que comienza inexorable. Es el momento, de airear armarios, en busca de chaquetas y gabardinas. De desplegar paraguas, que dejarán de ser bastones para ser soporte de la inevitable lluvia. Es, en fin, momento de amor tranquilo, frente a una pantalla de cine ( ya no de barrio) o el DVD casero.

Es el momento de los días cortos, y las noches frías.