La tenía frente a sí, hablando y apenas podía comprender los que decía. Contemplaba su cara de óvalo perfecto que enmarcaba una sonrisa que le hacía temblar por dentro. Su voz resonaba en su interior como la más bella de las sinfonías; sus ojos verdes le herían las entrañas. Algunos mechones de su melena larga, brillante y oscura, bailaban caprichosos al son del papel que a modo de abanico improvisado, ella sacudía De repente, todo el ambiente del despacho se le volvía irreal, como sumido en una bruma. No cabía duda, Alfonso se había enamorado profundamente…
Tan sólo habían pasado tres meses desde que Esperanza entrara por primera vez en aquel bufete de abogados solicitando una consulta para iniciar los trámites de su divorcio. Alfonso nunca olvidaría la primera vez que ella atravesó la puerta. Tras su gesto desencajado y sus incipientes ojeras, se adivinaba una mujer bellísima. Los ojos asustados de aquella mujer joven, le provocaron una ternura inconmensurable. Nerviosa, se sentó en el amplio sofá de cuero negro que Alfonso utilizaba para charlar con sus clientes y como un torrente, comenzó a desnudar su alma. A partir de entonces, fueron muchas las visitas que Esperanza le hizo a Alfonso. Lo que en un principio, pareció una caso sencillo y rutinario, se fue complicando semana a semana, llevándolos a pleitos y juicios sucesivos…
Alargó la mano para tocar su touch despertador y una luz azulada le iluminó toda la habitación. Eran las cuatro y doce de la madrugada. Se notó empapado en un sudor frío, al mismo tiempo que su corazón latía como un caballo desbocado. Estaba soñando, soñando con el recuerdo de Esperanza.