miércoles, 21 de enero de 2015

domingo, 21 de abril de 2013

EL DUELO

No hace mucho, me preguntaba uno de mis hijos la diferencia que existía entre el duelo entre caballeros, ese combate pactado entre dos personas, tan típico y frecuente de finales del siglo XIX y principios del XX, y el duelo que a menudo, sufrimos las personas por la pérdida de un ser querido. La pregunta me sorprendió en parte por que nunca me había planteado semejante comparación y menos una explicación. Los dos conceptos coexistían en mi mente como algo natural y completamente diferentes en su significado. La explicación, al fin, resultó sencilla acudiendo a la etimología. Duelo, dolor, dolencia, igual a malestar físico o psíquico que una o varias personas sienten.

El duelo entre caballeros tenía como finalidad causar la muerte o herida grave a una persona que se suponía había mancillado el honor de otro. Mediante unas normas explícitas o implícitas, los dos caballeros pactaban un encuentro un día y una hora, para batirse en duelo con las armas que ambos o uno de los dos eligiera. Se trataba de restituir ese dolor moral que uno había sentido, causando un dolor físico al segundo, digamos que para equilibrar esa sutil balanza de los sentimientos, evitar las burlas sociales y crear así una “satisfacción”.Dolor-doloris, esa aflicción que cambia nuestra percepción de la realidad, el color de la vida, la ausencia de bienestar, puede durar un instante o toda una vida. Cuando alguien querido sufre o se muere, el duelo es la respuesta. Dolor psíquico que nos atenaza y que si el paso el tiempo no lo atenúa, puede convertirse en patológico. Duelo, dolor por la pérdida, duelo por la separación física, duelo por el distanciamiento emocional, dolor por el abandono…Dolor-doloris, tan difícil de describir y que hizo como nadie el gran escritor Eugenio D’ors (Xenius) (Barcelona 1883, 1954).

sábado, 1 de diciembre de 2012

EL CAPITAL Y LA RIQUEZA


Ayer tuve la oportunidad de ver el estreno de la película "El capital" del director Costa-Gavras (2012) basada el la novela del mismo título cuyo autor es Stéphane Osmont.Éste film francés muy técnico para los poco iniciados en la teorías económicas, me ha dejado un claro mensaje: el amor por el dinero es para el personaje (Marc Tourneuil , representado por el actor francé...
s Gad Elmaleh ) y tanta gente que en él se refleja, lo más importante en su vida. Éste amor que va más allá de la sola ambición, está por encima de la familia, los hijos, las amantes misteriosas y el puro sexo; más allá de la amistad de años, más allá de todo. Es,sí adoración, placer infinito que hace sentir poderoso y manipulador de las personas como si de marionetas se trataran. Éste calor y pasión por tenerlo, acariciarlo, olerlo se sitúa muy por encima del mero poder adquisitivo. Con él, ya no sólo se puede tener lujo sino ser dios!!


Esta película me ha hecho pensar y no sólo en la situación financiera de Europa, de España en estos momentos. Tras finalizar la proyección, recordé la noticia de esa misma mañana que hablaba de un policía neoyorquino, quien se había acercado a un indigente, sentado descalzo sobre la fría acera de una de las calles de Nueva York.Existe, también una foto furtiva, captada por una turista en la se ve como el policía se agacha para preguntarle si necesita algo. La respuesta del mendigo fue escueta"no, pero gracias por preguntar" Después, todos supimos por los Informativos, que ese mismo policía le habría comprado, con su propio dinero, unos calcetines y unas botas. Dice que nunca supo más de él, pero que el tique de compra lo lleva siempre dentro de su chaleco antibalas, por que le da suerte.

Tanto las escenas de ficción de El capital, como la realidad palmaria de la neoyorquina, definen para mí, las dos caras de una actitud personal:que hay personas cuya única vocación es la riqueza y otras, por contra, la pobreza. Ambas poseen muchos matices pero quizás, el resumen final sea desde mi punto de vista, esclavitud frente a libertad.

sábado, 20 de octubre de 2012

LA MÚSICA INTERIOR

No hay duda de que vivimos en el más ruidoso de los mundos. En el
campo o la ciudad, cada mañana nos despiertan las sirenas de las
ambulancias, bomberos o policía, con más fuerza que el propio
despertador. Entablar una conversación por las calle es, en
demasiadas ocasiones, una tarea imposible. Siempre habrá algún tubo
de escape de moto que nos haga torcer el gesto y agudizar el oído
para poder seguir la conversación de nuestro interlocutor Cada día,
hay más jóvenes que pasean con sus MP3 o MP4 "enganchados" a sus
orejas.

Éste fin de semana he estado en una de las múltiples fiestas que se
celebraban en distintos municipios asturianos. Allí, en la plaza de
pueblo, también había ruido. Un grupo de gaiteros se esforzaba sin
mucho éxito en que escucháramos las canciones que tocaban. Grupos de
personas se reían e intentaban charlar levantando la voz. La sidra
chisporroteba contra el fino cristal de los vasos... Por un
instante, me quedé absorta y desconecté de todo lo que me rodeaba.
Con la mirada fija en el balcón desvencijado de una de las casas,
sentí en mi cara el pálido rayo de sol del atardecer otoñal y
entonces, comencé a oír mi música interior. Era una melodía que nada
tenía que ver con el sonido de las gaitas, ni con la algarabía de
alrededor. La música era suave, tranquilizante, placentera, una
especie de new age. Sentí una paz infinita que se rompió de repente
por la voz cantarina de una niña de unos ocho años que tarareaba una
canción del grupo de gaiteros. Y fue en ese momento, cuando comprendí
por qué al ser humano le gusta vivir entre ruidos: la televisión,
dormir con los auriculares de radio, poner la música a decibelios
insoportables, el barullo de las concentraciones humanas…creo que
muchos tratan o tratamos de huir, de esa forma, de nuestros propios
pensamientos. Sentimos miedo a lo que puedan decirnos. Tenemos pavor
a nuestras propias emociones; a hundirnos en la miseria de una
realidad que no nos gusta, que quizás sea demasiado vulgar o
terrible. Tememos al espejo fiel e insobornable de nuestra
existencia...
Yo me sentí mejor que nunca al son de esa música interior. De ahora
en adelante, afinaré mis sentidos para lograr oírla más a menudo. Tal
vez, sea la puerta para lograr LA PAZ DEL ALMA.

LOS OTROS

No hace falta seguir los Informativos, ni leer la prensa a diario, para darse cuenta de la violencia como uno de  los múltiples males que acecha al ser humano. Y, digo esto, por que, los tenemos al lado: nuestro vecino, aquel compañero de colegio, un familiar, a todos ellos les suceden percances, que no imaginábamos ni en la turbulenta de nuestras pesadillas. Pero así es, y ahí están. La realidad se impone de manera contundente.

A pesar de todo, últimamente, observo, en mis conversaciones con amigos y conocidos, una tendencia generalizada a sentirse excluido de esos temas: el divorcio, el maltrato, la infidelidad, los accidentes de coche, la droga y el alcohol de nuestros jóvenes, el cáncer… ESO LES OCURRE A OTROS.
 Parece ser que, NOSOTROS, estamos protegidos, no sé porqué especie de bula, de halo mágico, que impide que las desgracias, que ni siquiera, se nos acerquen. Craso error ¡! Por que en ésta vida, NADIE está exento de que – un mal día- NOS SORPRENDA, cualquiera de esos males.

 Bien es verdad, que lo sano mentalmente, es tener FE y ESPERANZA en la benevolencia del destino. Educamos a nuestros hijos, lo mejor que sabemos y podemos. Intentamos protegerlos y protegernos de un mundo cada vez más complicado, pero a pesar de todo, a lo largo de nuestra existencia sucederán, sin duda, acontecimientos inesperados y desagradables. Como dice el refrán español. “ la feria va por barrios” Por eso, creo que deberíamos reorientar la educación de niños y jóvenes hacia el conocimiento y prevención. Enseñarles que la vida, no siempre es un camino de rosas.  Con ello, evitaríamos posteriores desencantos, frustraciones, decepciones y hasta depresiones, más o menos graves. Hacerles crecer “fuertes”, no sólo físicamente, sino también, preparados para mantenerse firmes ante posibles  adversidades, sin engañarse y pensar “QUE ESO LES OCURRE A OTROS”

UN DÍA SIN NADA

Quizás el título del mensaje tenga su filosofía. Algo que siempre me ha llamado la atención es el funcionamiento impenitente de éste mundo nuestro. Pase lo que lo pase: muertes, catástrofes naturales, asesinatos, guerras, hambruna, injusticias…la máquina incansable de la civilización occidental no se detiene ni un segundo, solamente allí donde ocurre la desgracia, el corazón de los más cercanos parece dejar de latir; la pena y la angustia endentecen la mente, borrando por un tiempo un futuro que pierde su razón de ser. Pero la vida continúa, como el  teatro, el espectáculo debe continuar y todavía no entiendo el por qué. Todos deberíamos tomarnos un tiempo, sin prisa, para reflexionar, para elaborar el duelo, para tratar de asumir la desgracia, más o menos cercana. Es humano y necesario. Nos lo merecemos

CARTA UN VIEJO AMIGO

Dicen los que te han conocido hace años, que ahora, eres mecánico; que ya nada queda de tú verdor. Que se ha secado tú rocío hasta convertirte en un fósil, en el que apenas se adivinan las formas humanas. Que eres tan ortopédico que hasta tú corazón y tú cerebro son una prótesis. Hablan  del gran socavón que dejo  tu divorcio. Y a veces, pienso que ha sido un justiprecio por las personas que confiando en ti, con el corazón en la mano, tú se lo cambiaste por una granada, que les estalló en la cara